Acuérdate, María. Reseña


“Una cicatriz es la prueba irrefutable de la pasión con que nos entregamos a vivir.”

Sergio Almazán describe en una novela de 28 capítulos la última hora de vida de María Félix. De una forma poética y magistral logra en 207 páginas, lo que no hicieron decenas de películas o entrevistas, que yo disfrutara a la artista que fue valiente y murió con miedo, que conquistó el cine pero fue conquistada por la artritis y derrotada por su propio corazón.

Acuérdate, María portada

Sin el disfraz de La Doña, en ropa de cama y en su fría habitación, María de los Ángeles Félix Güereña nos platica de su vida en un monólogo solitario, revelando los acontecimientos y personajes que hicieron de su vida el mito que este joven autor ratifica como el más grande del cine mexicano.

La hora final de su vida, la medianoche del simbólico día de su muerte: 8 de abril de 2002, es el momento en que se concentraron 88 años de vida, de una vida que despertó pasiones y envidias y que al leerla cautiva como lo hizo conmigo cuando leí: “Si en tu cuerpo no se aprecian cicatrices, sólo rasga un poco la piel y saltarán a la vista.” Y yo rasgué.

…soy desierto, no arderé en el infierno, ni se quemará mi piel, ni mi cuerpo, ni mi sangre. Porque nací en Álamos, bajo el sol de fuego. Nada me puede quemar.

Nacida en El Quiriego, Álamos, Sonora, uno de los lugares más significativos, histórica y culturalmente, del noroeste de México, educada en la sabiduría yaqui, y criada por su nana Jana, yaqui, filósofa, curandera y prestidigitadora, quien por gracia de Itom ‘Achai, fue su aliada y cómplice de vida.

Sonora no la recuerda, Álamos no la quiere, los Yaquis la niegan, pero todos la idolatran. Esas son teorías con las que uno crece y que después de leer el libro se podrán debatir, porque nos invita a conocer y profundizar en la pasión con la que se define esta hija del desierto, la que no se contuvo, ni ante su propia sangre.

El cuerpo tiene leyes que la moral no comprende.

Montada en su caballo favorito Mil pesos, la joven María descubre junto a su hermano Pablo que “el perfume del incesto no lo tiene otro aroma”, pero además descubre formas de dominar su destino profesional y económico, y aunque no volvió a montarlo, se montó en otro, más brioso y menos reservado de sus secretos.

Como aquel de su hijo Enrique, su hijo lunar, a quien en su ignorancia mandó a una escuela militar para que le “ayudara” con él. El también actor pasó de raptado a abandonado, y luego a ser motivo de lucha, en él se resume la aventura de ser María Félix. Quique fue el mejor premio que recibió en vida, y perderlo, su condena perpetua.

Música, viajes, glamur, drogas e incesto, la vida de María Félix tiene todas las notas de escándalo que la catapultaron como diva, y claro, con el amor de sus amantes, (casada o no), perfeccionó el mito, pero en Acuérdate,… deja de ser la diosa devoradora de hombres, para ser una mujer completamente humana, sensible e incluso tierna.

Dolores del Río, Emilio “Indio” Fernández, Pita Amor, Agustín Lara, Jorge Negrete, Gabriel Figueroa, Antoine Tzapoff, Alex Berger… cada personalidad desfila en los últimos recuerdos de María, hasta un expresidente y el baúl lleno de centenarios, resultado de su bien negociada presencia o ausencia, salen a relucir, en su tumultuosa vida.

María fue metamorfosis. Viajes a España, a Francia, películas controversiales, desdenes al cine de Hollywood y lo que representaba, enemistad con coprotagonistas, pleitos con esposos y amantes, todo esto fue el halo que la vestía, pero aun así la vanidad siempre fue su mejor vestuario y al final de sus días, como sus joyas, sólo le quedaron los recuerdos.

Yo, María desierto, María ansiedad, desesperación. Soy María artritis, María viuda, María espera.

Todo esto fue María y no sé si sea verdad, lo que sí garantizo es que nadie lo contará como ella misma, en la voz que le dio el mexiqueño Sergio Almazán. Si ya decía: ¡Yo soy eterna, para mi desgracia!, ahora Almazán la castiga inmortalizándola en una novela que se lee y relee manteniéndola viva, como cuando vemos “El peñón de las ánimas” o “Doña Bárbara”.

Pero está muerta, y seguro estoy que se murió ese día no sólo porque el santero cubano lo predijo: “morirás en tu día infinito”, sino porque se le dio la gana, como todo lo que hizo en vida, como siempre fue su filosofía, tenía que hacer y decir lo que quería, simplemente porque podía hacerlo. Y se dejó morir un día como el que inició su vida, para no morir.

Considero que Almazán es un buen autor porque logró que una artista que no era de mi agrado, ahora sea mi motivación (estoy escribiendo también un monólogo). El reto que le sigue será demostrar sus talentos literarios en otra novela, que independientemente del género, supere el haberle dado voz a los muertos, para que vivan por siempre.

La emoción de Sergio al presentar el libro, la pasión de Geo Meneses al cantar por esta diva, se conjuntan en la satisfacción y el honor que me da reseñarlo, y estoy seguro que si pudiera entrevistar a María Félix al respecto, me diría contenta: “A partir de ahora seré una cicatriz, es decir, un montón de recuerdos adheridos a mi libro.”

Acuérdate, María

Consulta también la ficha técnica aquí.

Reseña en Diario del Yaqui.

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