Día del Maestro 2016. Una celebración personal


Reforma educativa de connotación laboral, claves de contratación que no llegan, sueldos que no se pagan, promociones que no se realizan, actividades administrativas que exceden las académicas, indicadores que por conservarse tergiversan las estrategias formativas, disciplinas aligeradas que afectan la seguridad personal…

Estas son algunas de las situaciones por las que me atrevo a decir que el Día del Maestro del 2016, para mí, sólo será una celebración personal más que una conmemoración colectiva (oficial o sindical).

Sí, reconozco a quienes fueron mis docentes, a mis compañeros y compañeras, y reflexiono sobre mi labor, pero no puedo conmemorar ni celebrar la complicada tendencia que demerita, denigra y disminuye el valor de los docentes que, como todas las profesiones, tiene claroscuros.

Yo, igual que ustedes, he sido formado en esa misma gama de colores, por lo que reconozco a quienes me siguen formando desde su papel de docentes o estudiantes, aun cuando pueda señalar aspectos que pudieron haber sido diferentes. Así que más que criticar les debo agradecer.

Por eso, agradezco a las autoridades que ejercen su liderazgo firme y encauzado socialmente, más que en términos operativos o políticos. Agradezco a madres y padres de familia que ejemplifican su corresponsabilidad con comunicación directa y constante para acuerdos constructivos. Agradezco a mis estudiantes por dejarme encontrar un motivo de superación en lo que hacen.

Y, por supuesto, agradezco a la sociedad que no se ha dejado envolver en la vorágine que nos carcome haciéndonos culpables de situaciones que no dependen de nuestra labor y mucho menos tenemos en nuestro control.

Así es, tengo mucho por reconocer y agradecer, pero ¿tengo razones para celebrar?… ¡Sí!, también, pero sólo las que personalmente valoro, tal como cada docente tendrá las suyas, pero como gremio no.

Estamos siendo atacados, y nuestras defensas se han vulnerado en un complejo aparato burocrático y mediático que considero no debe festejarse. Es nuestro momento de reunirnos para acordar y proponer, para encontrar los orígenes de nuestra profesión, y reconstruir y defender nuestra visión educativa.

Yo me voy a celebrar, yo felicitaré a quienes se lo merecen porque en lo particular me hacen sentir orgulloso de conocerles y me dan la esperanza de que pronto, muy pronto, nos podremos festejar como se debe, como nos merecemos, a lo grande. ¡Felicidades docentes!… Felicidades y ¡éxito siempre!

Editorial en Diario del Yaqui: aquí.

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