Todo, nada, algo


En la vida podemos desear, pedir, otorgar o hacer: todo, nada o algo. Para mí sería la forma de medir nuestros sueños, intereses y convicciones, así como nuestro compromiso con lo que nos ofrece la vida misma.

Hay personas, cosas o experiencias por las que daríamos todo, existen también aquellas por las que no ofrecemos nada, y claro, las que nos interesan un poco más de nada, pero no lo suficiente para que nos interese del todo.

Entonces el dilema es precisar con certidumbre en qué vamos a concentrar nuestros valores y esfuerzos, y priorizar. Nuestro reto es reconocer en qué medida afrontaremos y disfrutaremos cada momento de nuestras vidas.

Nuestros valores son reflejo de cada uno de nosotros, y los demostramos en acciones y en cada decisión, particularmente con el nivel de entrega a cada proyecto y por la forma en que queremos vivir en el futuro.

Sustentados en dichos valores, nuestro tiempo, espacios y esfuerzos son canalizados hacia lo que hemos identificado y elegido como prioridades, y en ese sentido hacemos fluir nuestra energía y regulamos su intensidad para utilizarla conforme decidimos.

En la vida hay una gama de colores, y aunque dicen que “en la vida no hay medias tintas”, tenemos la capacidad de elegir y debemos hacerlo para no confundir suficiente con demasiado, un hecho que sucede no sólo en el lenguaje hablado sino en nuestros actos.

Un vaso de agua se llena lo suficiente no hasta el borde, porque se derrama, lo que es un problema; no se sirve con poca agua porque puede necesitarse más, lo que también es un problema, de más fácil solución quizás, pero problema al fin.

Un vaso de agua no debe, ni puede, llenarse demasiado porque bien es sabido que los excesos provocan problemas; entonces qué podemos aprender sobre todo, nada y algo, que en realidad son sólo medidas pero no son disposiciones definitivas.

¿Qué hacer? aprender a definir nuestros suficientes, las “justas medidas”, las cuales debemos identificar y practicar, las que nos brindan la oportunidad de la mesura, una virtud que aprendo constantemente con la Mtra. Conchita García Tellechea.

Conchita García: la mujer poesía, la nota musical que respira.
Conchita García: la mujer poesía, la nota musical que respira.

Como educadora la Mtra. Conchita siempre nos invita a aprender sobre el manejo de las emociones, esas que presentes a lo largo de nuestras vidas, debemos identificar y controlar para que en su momento, en su tiempo y espacio reflejemos.

Todo tiene un orden en el universo y en esa sincronía están las medidas para desear, pedir, otorgar o hacer, por eso les invito a reconocer en sus sueños, intereses y convicciones la cantidad de energía que concentran en ellos, y después hagan los ajustes para que cada uno tenga su justa medida.

#ÉxitoSiempre.

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3 Comments

  1. El control de las emociones nos permite decidir cuándo y dónde expresarlas, pero sobre todo, lo que propician en nosotros y por ende, en los que tenemos cerca. Por ello, debemos actuar en base a nuestros valores y principios, respetando nuestro ser. Abrazos Mtro. Víctor!

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  2. ¡Qué bonito escrito!

    La mesura… o algunos vasos regularmente servidos, nos brindan la oportunidad de pensar hasta dónde somos capaces de saber convivir, compartir, ser.

    Un placer también, escuchar los versos de la Mtra. Conchita இܓ

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