Carta 3: La llamada. CARTAS DE AMOR HACIA EL VACÍO


La carta anterior fue: Definiendo

Sin dinero estaba en esos días. Reducido en gastos sólo porque las acciones de gobierno no coincide con mi plan financiero. Y me escribes un correo más. Parco, solemne y casi docto podría decir. ¿Quién te lo habrá dictado? ¿Habrás usado el diccionario de sinónimos? No lo pienso más, este día de trabajo está aburriéndome así que busco la llamada.

Carta 3. La llamada.
Carta 3. La llamada.

Una caseta telefónica, una cabina, personas entrando y saliendo sin darse cuenta de la vida de los otros. La jovencita que atiende parece sumida en su propio mundo, reducido a una pantalla de 14 ó 16 pulgadas. Me pregunto si así me veré yo cuando no despego mi rostro de la computadora tratando de adivinar porqué quieres que te llame. No tardé en averiguarlo.

Ella dice: ¿Hubieras querido que te tuviera atado, amarrado, encadenado? ¿no te parece una idea infantil?

Callo. Porque me parece que todas las miradas me han localizado. Y en lugar de recargas, refrescos, chicles y botanas, me parece que todos dicen: “me da una copia de sus cartas”.

Ella dice: ¿Tú me crees capaz de eso? ¿Tú me crees una asesina? ¿Desalmada? ¿Un ser endiablado?

Callo. Parece que fue cierto. Me tocan en la puerta de la cabina y me preguntan si ya pagué la cuenta. ¿Me hice invisible? ¿Por qué me cobran por un servicio que aún no ha concluido? No me he escapado, pero quisiera hacerlo.

Carta 3. La llamada
Carta 3. La llamada

Así lo lees ahora, imagina cómo llegué a sentirlo. Quizás debería cargar a todos lados con mi cuaderno de apuntes para expresar lo que siento, lo que vivo y lo que pienso, justo en el momento, sin tener que esperar el tiempo o el dinero suficiente para pedir una hora o dos en una computadora tan amarilla como los pulmones de los que fuman frente a ella.

La llamada terminó porque tu familia te rodea, mis oídos acabaron ante las voces que me atraparon. En el camino la pensé y ahora frente a un archivo nuevo la estoy repensando. No debería hacerlo ya que no tiene caso hablar a solas, basta con saber, que mientras te escribo, puedo chatear con dos o tres. Y antes del adiós les daré mi número de teléfono.

Continuará con: Tu mensaje

FUENTE: FLORES HERNÁNDEZ VÍCTOR FLINT (2012), DIARIO DEL YAQUI, AÑO LXX, NÚMERO 27,123. SECCIÓN QUEHACER CULTURAL, AÑO XIX, NO. 966, PÁGINA 3, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012.

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