Carta 2: Definiendo. CARTAS DE AMOR HACIA EL VACÍO


Carta anterior: El encuentro

Confianza. Es una virtud. Confianza. Es lo que deseo de ti. ¿Confianza? Te la vas ganando con cada palabra, cada llamada, cada mensaje, cada momento que me dedicas haciéndome sentir el centro de tu vida, esos momentos que soy tu sol, tu amor, y todas esas cosas cursis que aborrecí el primer día y que ahora extraño tanto como el comer en familia.

No sé para qué te escribo, no respondes. No sé para que me desahogo, si cuando llegas a escribirme algunas palabras es para reprocharme las distancias, las pocas llamadas, las esporádicas visitas. Y surgen los celos, esos que pedía y ahora me atosigan. Esos que pude suplicar con lágrimas en mi almohada y desprecié en las anécdotas de café.

Ahora anhelo los pasados y maravillosos instantes que me parecieron eternos y fueron fugaces. Esos que ni tú ni nadie celebra, pero que todo mundo necesita, y que ahora son sólo letras inertes que retumban en tu teclado tal como suenan en mis ojos al leerlos. Quizás esa es la causa del dolor de los últimos días.

Confianza, eso falta, confianza entre los dos, por el bien de nuestro amor, por nuestra tranquilidad y con la intención de espantar lejos de aquí esos nubarrones que me impiden ver mi cielo mexicano, esos que me recuerdan que tanta lluvia y frío no son lo mío porque yo nací en Sonora, en tierra caliente donde poner el carbón es un honor.

Carta 2. Definiendo
Carta 2. Definiendo

“Si te ganas mi confianza, seré eternamente…tuyo” ¿Recuerdas ese momento? Era yo, eras tú, empezaba la noche, ni calor ni frío, sólo el clima de nuestra primer conversación seria al respecto. Tu amor, el mío. Los primeros besos que no tuvieron final hasta que el aire se acababa. Interrumpidos por la necesidad de respirar parecíamos castigados por hacerlo.

Después, el viaje, negociaciones y finalmente la decisión que nos separó. La emoción disfrazada de melancolía no fue suficiente para que pudiéramos sostener una relación en la distancia, se lastimó la comunicación y sólo nos quedó una pantalla que hace las veces de tu persona y me dice tus palabras pero no tus sonidos.

El ritual de las siguientes semanas, del trabajo al café Internet, y de nuestra charla a la cama, desapareció muy pronto. Diferente huso horario, diferentes necesidades y nuevas experiencias terminaron por distanciar lo que ya estaba lejos. Tú allá, yo acá, y en medio tantas cosas por conocer. Pocas cosas por extrañar.

Y aquí sigo, en una distancia inútil, anhelando un futuro. Pero no es el momento, pienso que por el trabajo, pero sé que debemos volver a encontrarnos cuando más que el amor, nos una la confianza en el amor. Si tan sólo lo que escribo llegara a tus manos, se comprendería más nuestra historia. Nos comprenderíamos más. Nos tendríamos más confianza.

Carta siguiente: La llamada

FUENTEFLORES HERNÁNDEZ VÍCTOR FLINT (2012), DIARIO DEL YAQUI, AÑO LXX, NÚMERO 27,116. SECCIÓN QUEHACER CULTURAL, AÑO XIX, NO. 965, PÁGINA 3, 11 DE NOVIEMBRE DE 2012.

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