De luto


De luto

La pérdida más grande que he sufrido es la de mi hermano Felipe, la cual me provocó un dolor permanente, una pena que me deja vivir e incluso ser feliz porque se ha transformado en resignación por la fé en Dios. He sabido que, aunque muchas personas viven las pérdidas de forma similar, para otras ha sido completamente diferente.

En la familia han sucedido otras pérdidas que también nos duelen, de parientes y amistades. Pérdidas que llegan al alma y sin duda al corazón; y ante sucesos como éstos, nada ni nadie puede establecer una forma de reaccionar o responder, porque se trata de emociones completamente personales.

Siempre he respetado la forma en que cada persona vive la pérdida de un ser querido. Si se ríen o lloran, se desmayan o toman, si rezan o no, si sepultan o creman el cuerpo, si se visten de negro o de rojo, en fin, son decisiones que deben respetarse, porque ante acontecimientos de tal magnitud, no hay nada escrito.

Sufrir es una decisión personal e incluso familiar o por tradición. San Agustín dice que las lágrimas derramadas por un ser querido son pequeñas heridas en el corazón, yo creo también que las lágrimas son el dolor que se escapa, por lo que ante la depresión o el llanto, siempre es preferible llorar, y por supuesto: valorar.

Cada quien tomará su decisión, y hay que aceptarla, lo que yo quiero recordar ahora es la filosofía de mi mamá: “Celebrar la vida”. Aunque los planes y sueños son incentivos para disfrutar cada día, el ahora, el instante, el momento, es lo que nos hace ser completos y nos lleva a la felicidad, la que se vive en su búsqueda y no como destino.

En México somos muy buenos para sufrir y auto flagelarnos, incluso lo hacemos intencionalmente cuando escuchamos canciones de dolor, y lo hacemos en una posición especial para ello: codos sobre la mesa, como empujando la daga en el corazón para que duela más mientras se escucha: “que se me acabe la vida y que tú la sigas viviendo…”

Y aunque alabamos la muerte cantando o con tradiciones tan simbólicas y complejas como el Día de Muertos, también le tememos y no cualquiera “se atreve” a hacer planes para ese trance, lo cual también es respetable, porque no es fácil asimilar la muerte propia en lo que se acaba la vida.

Las personas, los momentos, lo que uno tiene y lo que anhela, lo que nos motiva a hacer pero sobre todo a ser, eso es lo que debemos valorar, pero lleva tiempo aprenderlo, así como lleva tiempo sobrevivir emocionalmente ante la muerte como acontecimiento, y aún así quizás no logre dársele una justa medida.

Hay que valorar y disfrutar para que no se haga realidad el dicho: nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido; pero debe hacerse considerándolo un tópico para reflexionar y no un tema para aferrarse a él. Y la reflexión debe implicar saber lo que debe hacerse, apoyar la decisión y generar el valor para lograrlo.

Necesitamos valor, porque también nos suceden cosas que generan cierto grado de angustia, sufrimiento, dolor o sentido de pérdida, como puede ser quedarse sin empleo, los rompimientos amorosos, dejar a la familia y otros tantos acontecimientos que requieren un proceso de luto que ayude a cerrar el círculo y salir adelante.

Los sufrimientos son pasajeros, la vida continua y para que nos sea plena no debemos esperar a que algo grandioso nos suceda, sino que, cada una de las cosas que nos suceden, por pequeñas que parezcan, las disfrutemos como grandiosas. Es momento de luto pero después hay que renovarse dejando llegar a nuestras vidas lo que yo llamo verde nuevo.

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2 Comments

  1. Si el ser humano viese la muerte como el acto de encontrarse con Dios todo seria distinto.
    Definitivamente el perder a un ser amado es y debe ser doloroso por el hecho de haber convivido, donde los sentimientos y la relacion ha tomado un papel importante; pero debe ser un hecho de trascendencia, conociendo de donde venimos y teniendo en cuenta que algun dia vamos a encontrarnos.
    El mirar la muerte de un ser querido sin los ojos de la fe nos puede hacer undirnos en nuestra propia debilidad y probablemente en nuestra propia vida. es por eso que conocemos de alguien que no sobrepasa ese dolor y se hace un dolor permanente.
    La noticia de que alguien ha encontrado la muerte definitivamente es un tiempo de chock para quienes le han amado, lleva tiempo de aceptacion y de superacion.
    Cada ser humano experencia esta perdida, segun su conocimiento y su conviccion de fe. Quien conoce de la Esperanza conoce tambien de un dia de reencuentro.
    Dcn. Alfredo Hernandez

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